Gozamos de cierta libertad.
Libertad de creer en aquello que nos conforte, nos complazca, nos
convenga, nos llene o nos consuele. Libertad de hacer o decir lo que
queramos, siempre y cuando nuestras palabras y/o acciones no atenten
contra la libertad de los demás. Y nadie tiene el derecho de imponernos
una forma de pensar, de vestir, de actuar o de ser, si las nuestras no
afectan a nadie.
Pero... ¿hasta dónde estamos dispuestos a hacer valer y respetar
nuestra libertad? ¿Cuáles son nuestras prioridades en la vida? ¿Son
nuestras convicciones, por mínimas o intrascendentes que sean, lo más
importante? ¿Valen más que nuestra felicidad y la de nuestros seres
queridos? ¿Valen más que nuestra propia integridad?
Yo soy fanático de un equipo de futbol de mi país: el América. Lo soy desde hace más de 25 años. Quienes me conocen de cerca pueden dar fe
que he llorado de tristeza y saltado de felicidad por él. Tengo camisetas
con su escudo y colores que luzco con orgullo por la calle, soportando
burlas, comentarios mordaces e insultos, así como escuchando palabras
de apoyo de incógnitos correligionarios a mi paso. No por nada el América
es el equipo más popular y el más querido y odiado de México.
Con frecuencia aquellos que no comparten mi pasión por tal equipo me
preguntan: "¿no te da vergüenza ponerte esa camiseta?". E invariablemente mi respuesta es un rotundo "no", seguida de mi reafirmación de mi pasión por esos colores y por ese escudo, y lo orgulloso que me siento de portarlos.
Sí, soy un fanático del América. Y nadie puede prohibirme el que use
una camiseta, gorra, bandera, llavero o cualquier cosa que me identifique
como fiel seguidor. Tengo ese derecho. Tengo esa libertad.
Pero aún con todo mi fanatismo, sé que hay cosas más importantes en
esta vida que ese equipo de futbol que tanto me apasiona. Cosas más
importantes como el amor de mi esposa, su preocupación por mi bienestar
y la mía por el suyo. Mi propia integridad es más importante que mi
amado América...pero... ¿a qué viene todo ésto?
Vivo en una ciudad tranquila, donde el portar los colores de mi equipo por la calle no implica mayor riesgo, como ya he dicho, que el recibir insultos, burlas y comentarios maliciosos de parte de quienes son
seguidores de otros equipos. Sin embargo, en la capital del país -en donde he estado una decena de veces en mi vida-, la historia puede ser muy distinta en determinadas circunstancias y lugares. Hay fanáticos radicales de todos los equipos que pueden agredirlo a uno por el simple hecho de simpatizar con tal o cual equipo diferente al suyo. Y... ¿me arriesgaría a ser agredido físicamente por hacer uso de mi derecho de usar la camiseta del América en un lugar donde sé que no sería bien recibido?
¿Valdría la pena poner en riesgo mi integridad física sólo por darme el
gusto de hacer algo que quiero, aunque sepa que me puede costar algo
más que palabras , por injusto, absurdo y estúpido que esto sea?
No.
Para mí no valdría la pena.
No soy menos americanista por no usar la camiseta de mi equipo. No
traiciono sus colores por proteger mi integridad y la de mi esposa al no
portarlos en ciertos lugares y con cierta gente. No me traiciono a mí
mismo al dejar en casa aquello que me identifica con mi equipo, pero que
en determinadas circunstancias pondría en riesgo mi vida o la de mi
esposa. Eso lo sé bien y lo tengo muy claro. Por mucho que ame esos
colores, tengo mis prioridades muy bien definidas.
Y todo esto viene a colación por acontecimientos que se han dado a
últimas fechas con una de tantas "tribus urbanas", como se ha dado en
llamar: los Emos.
No sé en otros países, pero aquí en México se ha dado por agredir a los
jóvenes -particularmente varones- pertenecientes a este grupo, que según
ellos mismos y la definición que de "emo" existe, son personas muy
influenciadas por sus emociones. Agresiones provenientes principalmente
de otros grupos o tribus, como los punketos, darkettos, góticos o skatos, que los consideran una mala copia de ellos. Los tachan de "plagiadores", "delicados", "ridículos", y demás calificativos despectivos que se les ocurran.
Respeto la forma de pensar de cada quien, aunque tampoco voy a ser tan
hipócrita como para decir que esas "tribus" me simpatizan, y en lo
particular me resultan desagradables los "Emos". Independientemente de
la moda al vestir que emplean (que me repele sobremanera), me parece
casi un insulto que estos jóvenes, a falta de problemas reales, se los
inventen, cuando hay tantas dificultades reales en el mundo. Habrá quien
realmente los tenga, claro, pero el lamentarse por ellos sin hacer nada por remediarlos, exhibiendo públicamente su dolor, no ayuda en nada a
solucionarlos. La autoflagelación, las amenazas de suicido (que sólo son
eso, porque nunca las cumplen), el sólo poder ser felices sintiéndose
desgraciados, son indicativos de una necesidad de atención espantosa.
Tal vez sea ese exhibicionismo emocional lo que resulte tan desagradable
a quienes así lo sentimos. Una cosa es ser muy emocional, y otra muy
diferente es ir por la vida pregonando lo desgraciados que son, todo bajo
un estereotipo bastante simplón: en el peinado, en la ropa, en los colores y en general en el aspecto físico. Todos tenemos problemas, pero eso no hace que los andemos exhibiendo para que nos compadezcan los demás.
¿No se puede ser "emocional" y pertenecer a ese grupo sin vestirse de esa
manera, tendiendo a la androginia? ¿El maquillarse, autoflagelarse,
deprimirse, reunirse con iguales, tener pensamientos suicidas, es requisito indispensable para ser "Emo"?
Cada cabeza es un mundo, claro. No porque yo no vea las cosas de
distinta manera significa que todo el mundo deba hacerlo así. Pero esa
falta de personalidad propia, en aras de pertenecer a un grupo regido por
el estereotipo en el que la autocompasión es una constante, me resulta casi insultante. Jóvenes sin verdaderos problemas, que se inventan crisis
existenciales para dar un poco de sentido a sus vidas. No conozco un solo
Emo que pertenezca a las comunidades más miserables. Quizá sea porque
ellos sí tienen verdaderos problemas en sus vidas como para preocuparse
por peinarse o vestirse de tal o cual manera.
Me desagradan los Emos, lo confieso.
Pero eso no me da derecho a perseguirlos, golpearlos y discriminarlos, ni
tengo la más mínima intención de hacerlo. Son libres de vestirse y actuar
como mejor les guste o convenga, mientras no me afecte en lo particular.
Y por más que me desagraden, no puedo decir que me afecten. Por lo
tanto, puedo verlos por la calle sin agredirlos.
Pero ese soy yo. Y no todos piensan como yo.
Es absurdo e injusto, lo sé, pero es un hecho que hay gente -especialmente jóvenes pertenecientes a otras tribus urbanas- que no se tientan el corazón para despreciar, insultar o incluso agredir físicamente a los Emos. Incluso ya se están organizando en varias partes del país para hacerlo... y ya lo han hecho.
La cuestión realmente importante es la siguiente: ¿vale la pena arriesgarse a ser golpeado por vestirse de determinada manera? ¿Es tan trascendental, tan importante el taparse medio rostro con el pelo, vestirse con colores negros y rosas, usar pantalones entubados y maquillarse de colores obscuros, como para exponerse a ser agredido físicamente?
Si tú supieras que si utilizas tu ropa favorita por la calle es muy probable que te encontraras con idiotas inadaptados que no dudarían un segundo en golpearte salvajemente... ¿te arriesgarías a ello? ...Yo no, tal como dije al inicio del post.
¿Vale más el vestirte como deseas, que tu integridad física y la
tranquilidad de tu familia? ... Para mí no, tal como ya señalé antes.
Entonces... ¿por qué se consideran mártires los Emos? Es más que
sencillo el evitar las agresiones de las que están siendo objeto. Cierto, es injusto que el simple hecho de ser Emo sea motivo para algunos salvajes para golperarlos; pero este mundo y esta vida son injustos. Es necesario poner en la balanza nuestras prioridades.
¿O acaso el vestir de acuerdo a esa moda es un buen motivo por el cual
sacrificarse? ¿El exhibirse como perteneciente a un grupo es una buena
razón para exponerse a la ira irracional de algunos? ¿El defender esa
libertad de ser Emo se equipara a las luchas por los derechos de las
minorías o los grupos oprimidos a lo largo de la historia de la sociedad,
como lo muestran tantas revoluciones en tantos países?
Para mí, no. Ser mártir por algo como vestirme a la moda me parece de lo más absurdo.
Condeno enérgicamente las agresiones a los Emos. Pero no me explico qué cosas hay en su mente para que se arriesguen a que atenten contra ellos. Quizá necesiten tener verdaderos problemas para que esos por los que sufren, más producto de su mente que otra cosa, adquieran su real dimensión. O al menos tal vez sea necesario dejar de reunirse para exhibir y compartir sus emociones, y poner manos a la obra en búsqueda de una solución.
Son jóvenes, y la mayoría de ellos aún no saben lo que es sufrir de verdad. Ya madurarán algún día, y se darán cuenta de que eso por lo que se regocijaban en su dolor, son nada comparado con la crudeza de la vida real.
Nada mejor para poner los pies en la tierra, que colocar el peso de una responsabilidad sobre sus hombros.
Ya madurarán algún día...
...Espero...



Hola Moreno!
Realmente esto de las tribus son una plaga, en España también las hay, al menos en las grandes ciudades.
Precisamente, yo había escrito un post sobre ellas, paro no lo publiqué, me ha parecido siempre que se les da más importancia de la que se merecen. Ignorarlas; éso es lo que se merecen.
Un biquiño.
Diana